En el marco de las celebraciones de Semana Santa, el 1 de abril, los trabajadores del CEST vivieron un profundo momento de oración denominado “Procesión de los Traidores”, guiado por el padre Marco Vergara, junto a integrantes del equipo pastoral. La instancia invitó a los presentes a contemplar el amor incondicional de Jesús y, al mismo tiempo, reconocer las propias fragilidades humanas ante la figura de Judas.
A través de un recorrido por distintas estaciones preparadas en diversos espacios del establecimiento en Sede Norte, los educadores participaron de signos, lecturas del Evangelio, cantos y oraciones que los invitaron a examinar su vida desde cuatro dimensiones fundamentales: pensar, amar, perdonar y confiar como Jesús.
Cada estación propuso un gesto concreto. En la primera, se reflexionó sobre los prejuicios y la discriminación, motivando a asumir una mirada más inclusiva y fraterna. Luego, se invitó a revisar la autenticidad del amor a Dios, reconociendo aquellas ocasiones en que la relación con Él se vuelve interesada. En la tercera estación, el énfasis estuvo en el perdón, llamando a dejar de lado el juicio hacia los demás y acoger con misericordia. Finalmente, en la última estación, se profundizó en la confianza en Jesús, especialmente en medio de las dificultades y en el servicio a los demás.
Uno de los signos centrales de la celebración fue una cruz que, inicialmente vacía, fue cargándose de sentido a medida que los participantes adherían distintos mensajes, como expresión de conversión y compromiso. Asimismo, los educadores llevaron piedras como símbolo de sus propias faltas, las que se transformaron en un gesto de perdón y reconciliación.
La procesión, vivida en silencio y recogimiento, permitió a los participantes reconocerse no solo como seguidores de Cristo, sino también como personas que, en ocasiones, fallan en el amor, pero que están llamadas a levantarse desde la misericordia de Dios.
La jornada concluyó con una oración final y la bendición de cruces, signo que cada educador llevó consigo como recordatorio del compromiso de vivir una fe más coherente, encarnada en el amor, el perdón y el servicio cotidiano.

